Labios de miel

Se detiene el tiempo y todo tú me sabes a miel, quiero quedarme en tu pecho mientras me alimentas el alma con suavidad.

Hay algo entre los dos, un susurro que mendiga el ardo de nuestra piel, latidos que hacen eco y ponen nuestros cuerpos a temblar.

Nada puede apaciguar, ni el reloj o un mensaje de texto, no hay llamada ni temperatura que pueda evitar que nuestras sábanas caigan esta noche.

Noches frías.

El placer de acurrucarme en tu cuerpo, de perderme. Un beso, una mordida, por aquí, por allá. Tu piel, la mía. La noche fría asomándose por nuestra ventana mientras tú y yo nos amamos bajo las sábanas. ¿Nos imaginabas aquí? Porque yo sí.

Ruido

En todas partes se escucha el eco de la agonía de todo aquello que nos juramos ser pero no nos atrevimos.

Hay ruido en el desayuno, al beber esa taza de café que mientas miro hacia la nada, solo me recuerda que tal vez no quiero estar aquí. Se escucha el grito ahogado de los sueños y anhelos, de la frustración de saber que puedo tener más pero no soy capaz.

Tumbada cada noche, prometo en silencio cambiar el estruendo por la nada. Quitarme los zapatos y correr descalza hacia aquellas aspiraciones que nacen en mi mente cuando me ducho.

Pero solo soy una hoja que ha caído.

Soy llevada por la corriente del dolor, del olvido.

En tu piel

Renacer cada mañana mientras te acaricio. Apenas y puedes sentir la fragilidad de mis dedos rozar tu piel. Te erizas y giras lentamente hacia mi. Todo florece, todo resplandece cuando amanezco en tu piel, entre los rayos del Sol y tus pies helados en la habitación, no hay más.  Lo tengo todo, en ti.

¿Qué le pasa a la vida?

¿Qué le pasa a la vida? Pues no le encuentro la curvatura a su sonrisa.

¿Qué le pasa a la vida? Que las mañanas y los días se han vuelto monótonos, de aquí para allá, de prisa, de prisa, sin rumbo, sin un camino. Dándolo todo para el futuro aquel del que tal vez no quieras formar parte, no de la manera que yo quisiera ahora.

¿Cuándo dejé de tener tiempo para mi?, ¿Cuándo fue el día en el que empecé a ocultarme, a dejar de ser quién soy?

Parece que vivo en un círculo, donde todos dicen amarme, pero siempre quiero más.

¿Está mal?

Quiero levantarme, tomar un café, salir a correr, regresar a casa, ducharme, escribir, sonreír, quiero cocinar, quiero reír, quiero leer todos esos libros que he comprado, pero siempre por falta de tiempo no puedo ni siquiera abrir.

Quiero conocer nuevas personas, ir a un concierto, salir por la tarde en bicicleta, pasear con mis perros.

Luego despierto, y recuerdo que no puedo hacer nada de lo que deseo.

Que vivo para pagar la renta, la vida, que vivo para fingir estar bien, cuando tal vez no es así, pero siempre sonriente, siempre atenta a ayudar, a confiar, a ser el paño de lágrimas de todos, mientras el nudo aprieta en la garganta.

Vivo para limpiar la casa, para llegar cansada, para trabajar en lo que no me encanta, pero me da para comer.

Hoy definitivamente, me siento agradecida con lo que tengo, pero como dicen, puedes tenerlo todo, y aún así sentirte triste.

Cuando anochece

Junto a ti, pero al otro lado de la cama, sin decir una palabra.

Miras tu celular, vas de aquí para allá, haciendo lo mismo que cada noche. Yo divago en mi pantalla, buscando qué hacer, cómo distraerme de tu ausencia tan presente.

No me siento lista para esto, pero sin darme cuenta, yo misma tracé la línea de este camino. Aceptando lo que no quería, pretendiendo que pronto cambiarían los jardines secos por frescas flores de primavera.

Y me siento la misma persona que era cuando te conocí hace 7 años, indefensa y sola ante la vida, pero ahora tal vez menos risueña, con menos sueños, menos anhelos, sin rumbo, de prisa, pretendiendo ser lo que yo creo que quieres que sea, para que me veas suficiente, para que me tomes enserio.

Necesito sentirte

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Necesito sentirte,

donde comienzan mis dedos,

donde terminan mis cabellos.

Necesito sentirte,

junto a mis labios,

dentro de ellos.

Necesito sentirte,

aquí, en mi pecho.

Necesito sentirte,

cuando comienza el día y acaba la noche, entre mis sabanas, entre mis piernas y mis anhelos.

Cuando el hambre acaricia mis entrañas, cuando las lágrimas brotan como migajas de recuerdos de lo que solíamos ser tú y yo, como gotas de miseria que se aferran a que no te vayas, a que no te escurras de mi vida como ellas.

Necesito sentirte, una última vez, en el frío.

Hazme sentirnos una última vez, y prometo que en las demás ocasiones, fingiré sentirte siempre.

Ausente

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Es triste como uno puede apagarse al mismo tiempo que se siente complementado por la persona que ama. Pero, ¿qué significa amor? si no es poder continuar escribiendo y plasmando entre líneas la libertad del corazón.

Me cohibí, me encerré, y me apagué. Pensando que mis letras no eran suficientes, pero hoy analizo que no son suficientes para la persona que me acompaña, pero sí para quienes me leen. Triste.

Llevaba años evitando el blog, pero solo he logrado ausentarme en vida, solo he mantenido una postura de apariencias cuando en realidad me he desmoronado de a pocos dejando de hacer lo que me gustaba por temor a no ser valorado; Y aunque la persona que esté conmigo, no lo valore, me basta el plasmar mis anhelos y pedazos de sueños en este espacio donde los leo, donde los descubro, donde me siento yo.

 

20 Minutos

Llevo como 20 minutos leyendo versos y estrofas de amor, que me hablen de ti, que hablen de lo que siento por ti, pero no encuentro nada. No encuentro una frase que llene mi boca de dulzura o ponga mi corazón a bailar como lo haces tú. No hay versos mejores que tus besos, que se esfuman y regresan con el viento. No hay letras mejor pronunciadas que el amanecer contigo y decirte que te quiero, que te siento tan mío; no encuentro papel que te describa tan único, tan transparente; y miro alrededor y pienso que el mejor libro o historia que me habla de ti, está grabado en mi corazón para cuando le quiera reproducir.